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Estoy harto de lo superficial, de lo perfecto, de lo bonito y lo canónico. Estoy cansado de ver mujeres y hombres robot, que se mueven de la misma forma, con esa misma falsa apariencia que no es más que una asquerosa carcasa para ser lo que no son, sin darse cuenta de que lo único que hacen es dejar de ser. Estoy muy cansado de ese afán de perfección de la sociedad, de ese cuerpo 10, de los músculos, los culos bien puestos, las tetas en su sitio y la sonrisa profident. No me aporta nada toda esa mierda. Me da pena ver como la belleza se esconde tras el físico, como el autoestima se valora en “likes” en redes sociales y como hay miles y miles de personas, vacías por dentro en principios y valores, que se matan por esa falsa aprobación de un doble click sobre una foto suya, cuando no son ellos quien salen en la foto realmente. Estoy cansado de que la gente tenga que enseñar para ser vista, de que se haya perdido la sutileza, la seducción, el poder de las miradas. Estoy incluso confuso cuando me doy cuenta de que las armas para ligar de los hombres y las mujeres de nuestra sociedad se basan en saber deslizar la pantalla hacia la derecha o hacia la izquierda. Donde quedan los cafés para conocerse, el sentarse en un banco a charlar de la vida, analizar a través de los ojos y descubrir el interior. Dónde queda la pureza del amor, el propio y el ajeno: sepultado por miles de prejuicios y modas.

Quiero ver gente imperfecta, que se muevan dentro de su más sincera perfección, que al fin y al cabo, no es nada más allá que el estar a gusto con uno mismo. Quiero gente que sea feliz siendo como es, que no tenga secretos ni quiera ocultarse en corazas de pote y anabolizantes. Que ame sus curvas o sus rectas, su grasa y sus desgracias, que ame por encima de todo el amor y sobretodo, que sepa apreciarlo. Quiero gente sin complejos, decidida y autoritaria en sus propios actos, que lo hagan porque sí y porque quieren, no porque ningún #hagstag se lo imponga. Quiero gente de verdad, no virtual, quiero personas y no ovejas de un rebaño que no hace más que dirigirse a un fracaso estrepitoso contra la cruda realidad, donde : Ser un diez, no es más que un cero a la izquierda.